30/11/13

Anoche soñé con "EL Rey León"

¡Hola, lector!


     El día de hoy sigo sin saber qué publicar. Pero anoche tuve este sueño y quería compartirlo contigo. Anoche veía "El Rey León" y esto fue lo que soñé:


     La Roca del Rey era una pequeña aldea construida a un par de kilómetros de un enorme castillo. Pues bien, yo era Nala, una doncella. Pero no era una cachorra, era una persona y todo tenía ese aire del medioevo. Era la prometida de Simba, un príncipe hijo del rey Mufasa y su mujer, la reina Sarabi. Nos cuidaba Sazu, el consejero del rey.

    Scar, un vil caballero y hermano del rey decidió darle muerte a Mufasa einculpar a Simba, condenándolo al exilio. Sarabi fue obligada a casarse con Scar y yo me convertí en una vil esclava hasta que logré escapar.

    Encontré a Simba viviendo con un par de aldeanos: Timón y Pumba. Me refugiaron en su escondite y ahí vivimos Simba y yo unos años, los suficientes para crear una familia. Tuvimos cinco hijos: Lawliet, Alec, Holly, Chris y Joe,eran quintillizos.

    Tuve que decirle a Simba la verdad, que Scar había convertido La Rocadel Rey en un infierno. Así que decidimos enfrentar a Scar. Pero cuando volvimos, nuestra aldea estaba convertida en ruinas y todas las mujeres, ahora convertidas en esclavas, se congregaron en las afueras del castillo.

— ¡Sarabi!— escuchamos llamar a Scar.

    Apareció la reina vestida con ropas raídas y sucias, tenía un golpe sangrante en el pómulo izquierdo y tuve que sujetar a Simba para que no saliera del sitio donde nos ocultábamos. Sarabi encaró a Scar.

— ¿Sí, Scar?— dijo con solemnidad.

—No hay comida, las mujeres no están cumpliendo con su trabajo— le recriminó Scar con violencia.

— ¿Y es mi culpa acaso?— dijo ella—. Las tierras son infértiles y sólo nos quedan un par de cabezas de ganado. Debemos irnos.

— ¡No nos vamos a mover!— exclamó Scar enfurecido.

—Entonces moriremos de hambre— dijo Sarabi horrorizada.

— ¡Pues que así sea!— dijo Scar y se giró para retirarse.

— ¡No puedes decidir eso!— exclamó Sarabi y por un momento vi el valor brillar en sus ojos.

— ¡Yo soy el rey!— respondió Scar, Sarabi se mantuvo firme.

—Si fueras la mitad de rey de lo que fue Mufasa…

     Y entonces ocurrió. Scar le propinó un fuerte golpe a Sarabi en el rostro y la derribó con tal fiereza que las demás aldeanas se prepararon para luchar y defenderla. Noté que Simba estaba al borde de un ataque de furia.

— ¡No puedo creer que me hayas hecho esto!— exclamó Sarabi horrorizada al mismo tiempo que intentaba frenar la hemorragia de su nariz.

     Tuve que asegurarme de que mis hijos no pudieran ver lo que ocurría. Me sentí estúpida al haberlos llevado con nosotros. Simba salió de nuestro escondite y dijo en voz tan alta que todas las miradas cayeron sobre él.

—Yo tampoco— dijo.

     Scar se horrorizó al verlo, incluso retrocedió un par de pasos. Yo me uní a mi amado esposo luego de dejar a mis hijos con Timón y Pumba. Simba y yo estábamos dispuestos a luchar ahí mismo.

—Vaya, vaya, vaya— siseó Scar esbozando una maligna sonrisa—. Pero si es el asesino…

—Simba no es un asesino, Scar— dije y nuestro enemigo me fulminó con la mirada—. Tú sí…— mi siseo provocó murmullos entre la multitud, así que supe que era tiempo de decir la verdad—: ¡Scar fue quien asesinó al rey Mufasa! ¡Exilió a Simba para que él no pudiera subir al trono como era su derecho!

— ¡Cállate, zorra!

    Scar estuvo a punto de golpearme y lo habría conseguido de no ser por Simba. Sujetó el puño de Scar a pocos centímetros de mi rostro, yo me mantuve firme pues siempre supe que Simba me protegería. Vimos aparecer a Sazu y al gitano, Rafiki. Todos se unían a nosotros en contra de Scar.

     Pero en ese momento salieron del castillo los hombres de nuestro enemigo, soldados vestidos con armaduras negras y armados hasta los dientes. El ejército de las hienas. Scar no estaba dispuesto a entregarnos La Roca del Rey sin antes pelear por ella. Entonces intervine.

—Tú decides, Scar— dije—. O dimites o peleas.

     Los murmullos se hicieron más fuertes. Noté que Scar temía y no lo culpaba. Si Simba no podía, yo sin duda le daría muerte.

—Quince minutos tienes para organizar tus filas— me dijo—. Vamos a pelear.

     Todo se salió de control, todas las aldeanas estaban aterradas y no sabían qué acciones tomar. Yo corrí junto con Sarabi para auxiliarla y atender su herida. Escuché claramente las órdenes de Simba.

— ¡Sazu!— llamó él—. ¿Dónde están los hombres?

—Encerrados en los calabozos, majestad— respondió Sazu con tono servicial y ofreciendo una inclinación de la cabeza.

— ¡Simba! ¡Nala! ¡Son ellos!— decía el resto.

— ¿Cuál es el plan, rey Simba?— dijo Rafiki.

—Todas vayan a refugiarse en La Roca del Rey y prepárense para una emboscada— dijo Simba—. Estoy seguro de que Scar enviará a sus hienas a atacar la aldea. Mientras tanto, Sazu y Rafiki liberarán a los prisioneros y yo me encargaré de Scar.

     En ese último punto, Simba me miró. Supe que esperaba mi ayuda para llevar a cabo su plan, así que me aseguré de que Sarabi estuviera bien para llamar a Timón. Él y Pumba se me acercaron.

—Necesito sacar a los niños de aquí— les dije a ambos, Sarabi parecía querer ayudar—. Timón, te gritaré en un momento el lugar a donde debes llevarlos y quiero que me sigas la corriente— le dije, Timón asintió con la cabeza—. Sarabi— dije mirando a la reina—. Usted vaya y busque a todos los niños pequeños.

     Sarabi asintió con la cabeza y miré a Scar. Nuestro enemigo estaba atento a cada uno de nuestros movimientos. Simba debía saber que eso ocurriría.

— ¡Timón!— llamé tan fuerte como pude, sentí que mi garganta se rasgaba—. ¡Lleva a todos los niños a La Roca del Rey!— ordené.

     Timón asintió con la cabeza. Vi como Scar sonreía y desaparecía de mi campo de visión. Así que corrí hasta Timón y le dije al oído:

—Y luego llévalos a tu escondite, en especial a mis hijos.

     Los quince minutos terminaron y la batalla estalló. Escuché gritar a las mujeres que aún no se refugiaban y los niños pequeños sollozaban mientras Timón y Pumba los conducían lejos del peligro.

— ¡Mamá!— escuché llamar a mis hijos—, ¡Papá!

     No pude mirarlos a la cara y decirles que quizá no nos volverían a ver. Los vi desaparecer entre la multitud y escuché gritar a Sarabi. Me giré. La reina estaba tendida en un charco de sangre. Simba se acercó tambaleante a ella, Scar reía con malicia. No me había dado cuenta de que Simba tenía una espada en la mano hasta que Rafiki me entregó una para defenderme.

—Es bueno ver que has unido al pueblo con tu regreso…— fueron las últimas palabras de la reina.

     Simba respiraba agitadamente. Miró a Scar con auténtico odio.

—Asesino…

     Su siseo me provocó escalofríos.

—No mereces vivir…

     Y con un fluido movimiento, Simba degolló a Scar. La multitud se alzó en vítores y exclamaciones de triunfo cuando las hienas se retiraron.

       Al terminar la lucha corrí al refugio de Timón y Pumba para ver de nuevo a mis hijos. Inspeccioné cada cuerpo, cada cara, cada par de ojos. Pero no había ni rastro de mis niños.

—Lo lamento, Nala— dijo Timón arrepentido, no lo miré.

—Todos son hermosos— dije acariciando la mejilla de una niña rubia—. Aunque no son los míos, son tan valiosos como si lo fueran.

— ¿Por qué lloras, mamá?

     Me giré al escuchar la voz de Lawliet. Mis cinco pequeños estaban cubiertos de sangre de las hienas de Scar y sonreían de oreja a oreja. Simba se encogió de hombros.

—Quisieron ayudar— me dijo y esbozó una sonrisa.

     Abracé a mis pequeños con tal fuerza que parecía no querer soltarlos nunca. Me levanté para besar a Simba y entonces… desperté.



     Eso es todo por ahora. Si tienes algún tema del cual quisieras que hablara, déjalo en los comentarios. Y no te pierdas mañana un nuevo capítulo de "La Violinista".

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